Dos circunstancias de fuerte impacto en la vida urbana se están dando en San Miguel de Tucumán y en Las Talitas. En la ciudad capital, ha desatado polémica una propuesta del intendente para desviar las líneas de ómnibus por calles adyacentes a la avenida Mate de Luna; en el municipio ubicado en Tafí Viejo hay protestas vecinales y de comerciantes por los efectos de una ordenanza que convirtió en mano única a dos avenidas de acceso a Las Talitas desde San Miguel de Tucumán.

En ambos casos se trata de medidas surgidas de la necesidad de ordenar la conflictiva circulación vehicular, que ha crecido -podría decirse- de modo geométrico en la capital y su zona de influencia. No obstante, en Las Talitas ya se puede ver las consecuencias de la aplicación de la norma, mientras que en la capital el decreto del intendente debe ser tratado por el Concejo Deliberante; además, según palabras del mismo jefe municipal, si al cabo de un tiempo de vigencia de la medida se viera que no da resultados, se volverían las cosas a como estaban antes.

En Las Talitas se convirtió en mano única las avenidas Juan Domingo Perón y William Cross, con lo que la primera es ahora la el acceso al municipio y la segunda, la salida hacia la capital. Pero comerciantes y vecinos afirman que el movimiento de la gente disminuyó, que han caído estrepitosamente las ventas, que en algunos casos ha aumentado la inseguridad -porque se envía a usuarios de medios de transporte y automovilistas a calles degradadas y sin adecuada iluminación- y que el tránsito, en lugar de agilizarse, se ha congestionado, porque antes había dos entradas y dos salidas. Critican, además, a las autoridades porque, según denuncian, podrían haber ejercitado su obligación de hacer cumplir normas como la restricción del estacionamiento o de horarios de carga y descarga. Un ingeniero civil, incluso, afirma que no se hicieron estudios de impacto social ni económico y que lo que debería hacerse es construir más puentes, sendas peatonales y pasarelas sobre el canal norte, para comunicar más el municipio con la capital. La concejala autora de la ordenanza desestimó las críticas, les atribuyó intencionalidad política y aseveró que hay proyectos complementarios de la polémica ordenanza.

En el caso de la capital, empresarios de ómnibus están inquietos por posibles demoras en la circulación de los ómnibus y por eventuales pérdidas de ventas de boletos, y los vecinos temen perder la opción de tomar ómnibus alternados. El intendente defendió el proyecto en razón de la necesaria descongestión del tránsito, con lo cual coinciden los urbanistas, pese a que afirman que la medida traslada el problema a las calles adyacentes.

En ambos casos debería considerarse que el tránsito en el Gran Tucumán se vuelve cada vez más problemático en este conglomerado de 700.000 personas. Esto es notorio entre la capital y Yerba Buena pero se nota cada vez más en los otros puntos de encuentro entre jurisdicciones. Al respecto, cabe recordar que la capital cuenta con un plan estratégico urbano que da pautas para el crecimiento de la ciudad, si bien los funcionarios no están obligados a cumplirlo, lo cual es cuestionable. No obstante, responde a un fuerte estudio elaborado con expertos y fuerzas vivas. Por ello, cabe esperar que en el Concejo Deliberante se refleje este estudio. En el caso de Las Talitas, no pareciera que se haya dado el debate necesario para entender las medidas como parte de un programa integral. No sólo inquietan las consecuencias que denuncian los comerciantes y los vecinos, sino que debió ser acompañado por otras medidas que aún se ven lejanas.

El tránsito, por su conflictividad creciente, no puede estar librado a medidas azarosas y esporádicas, sino que debe ser fruto de una política estudiada y de adecuados debates. Conviene no olvidarlo.